
Y para demostrar que cualquier personaje, por ridículo que sea, puede ser recreado con un buen guión, nos da una magistral lección con este trasunto de Shazam.

En los años ochenta, Alan Moore se interesó por el personaje de su infancia, y quiso retomarlo en la nueva revista inglesa Warrior. Dicho y hecho, pero la historia quedó inacabada por el cierre de Warren y la marcha de Moore a los EEUU.
Años después, la editorial Eclipse Cómics consiguió los derechos del personaje y pidió a Moore que acabara su historia. Para evitar los posibles problemas legales con Marvel, volvieron a cambiarle el nombre, llamándole Miracleman (de que me suena esta historia del cambio de nombre?). Pasaron unos siete años, por lo que los autores y el brusco cambio de estilo, se nota a mitad de la serie.

Su mujer, Liz, es la que aporta un sueldo fijo a la casa mientras él busca trabajos como reportero independiente. Durante uno de esos trabajitos que le salen, cubriendo la inauguración de una planta nuclear, unos terroristas asaltan el complejo, toman a todos de rehenes, y Mike se desmaya. Cuando intentan deshacerse de él, Mike recuerda la palabra que hace que se trasforme en Miracleman, un superhéroe de la era atómica que lleva desaparecido desde 1963. La palabra es… ¡KIMOTA!

Con gran maestría encaja los personajes kitch de antaño en una historia hiper realista que tiene que intentar aceptar la mujer de Moran, al descubrir lo que es su marido.
Tomando un personaje sin profundidad y nada creíble, Moore explora el super hombre, el sentido de la existencia de seres más allá de los humanos corrientes y sus reacciones ante seres inferiores.
También impresiona la forma en que recrea al “malo”(En el Shazam original una parodia de científico, que da la risa) y lo convierte en un personaje absolutamente realista.
En el cómic hay sangre, sexo, violencia justificada por la propia historia, violaciones e incluso un parto en directo (reconozco que cuando lo ví me impresionó), que creó una gran polémica en Estados Unidos.
El viaje desde el hombre al dios es contado de una forma tan sobria como impactante, haciéndola sobre todo creíble.
Los dibujantes se pliegan totalmente al genio de Moore con resultados desiguales: El primero fue Garry Leach, muy centrado en hacer un dibujo realista que contrastaba con lo que para el héroe había sido su vida virtual; Alan Davis, siempre es sinónimo de calidad, y aquí no es una excepción, Chuck Beckum,el menos inspirado; Rick Veitch, suyo es el número del parto, y John Totleben, muy barroco. Pero esta es una serie basada en los guiones y lo demás casi pasa desapercibido.

En mi modesta opinión, un clásico que nadie debería perderse y una demostración a las claras de que los malos personajes no existen, si hay un guionista de calidad para contar sus historias.
5 comentarios:
Miracleman es algo especial. Salvo V de Vendetta nada me ha emocionado tanto.
un abrazo
Estamos de acuerdo Jaime, cuando lo leí me causó una gran impresión. Pero no es una novedad ya que me ha pasado con todas las grandes obras de Moore.
Puas ahora mismo estoy con Tomorrow Stories de Alan Moore y me apetece seguir con algo suyo, así que gracias por el aporte y a ver si cato esta delicatessen.
Javi, estoy seguro de que te gustaría.
Para mi es el cómic definitivo sobre superheroes.
Gracias por la información, payo.
Publicar un comentario